sábado, 16 de enero de 2010

Sin título...

Las tres de la tarde de un invierno cualquiera... Cualquiera porque pronto no será más que otro solsticio insignificante de todos los que se supone viviré. Seguramente el último que pase en esta pequeña ciudad.

Aire cálido y veloz, recorriendo las tortuosas calles, mezclando olores de aquí y allá. Olor a mar, ciudad de mar; olor a trigo horneado por diferentes manos; olor a una lluvia que todavía no ha decidido que camino tomar...
Y todo tan igual como siempre.
Calles de apariencia vacía. Con algún efímero biandante, pero solitarias.

Recuerdos borrosos, que hacen emerger nostalgia disfrazada de felicidad. Dentro de poco no habrá referencia alguna de ellos, pero permanecerán en la memoria.
Y, tras este inciso, vuelta a la monotonía.



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